
Recordemos por un instante esa imagen. Volvamos unos meses atrás, más precisamente a julio, y observemos detenidamente la fotografía del gigante. Sentado en el banco de suplentes, los ojos apagados, el ceño fruncido. La bronca del que se sabe poseedor de talento, pero que, por causas que no comprende, no puede sacar la varita y hacer los trucos que la crítica, los fanáticos y sus compañeros, le exigen.
Andrew Bynum tiene sólo 22 años. Muchos lo critican, lo bastardean, le pegan duro, le demandan que juegue como un veterano. En otras palabras, tan típico de los tiempos que corren, que sea fuego antes de chispa. Imposible.
Bynum es, en proyección, uno de los mejores centros de la NBA. Su carrera ha sido bipolar, con rendimientos que tocan el pico y con bajones -producto, en primera instancia, de duras lesiones- que lo obligaron a caer en el ostracismo por varios meses.
Las Finales de la temporada pasada ante el Magic, en las que Bynum estuvo lejos de brillar, terminaron jugando a favor del joven centro de los Lakers. El título logrado por el equipo de Phil Jackson, transformó las espinas en flores para los fanáticos angelinos: Kobe Bryant de figura terrenal a dios del deporte, Lamar Odom de villano a héroe, Derek Fisher de veterano aburrido a genio silencioso, Trevor Ariza de actor de reparto a figura protagónica, Pau Gasol de ‘interno blandito’ a maestro del fundamento, etc.
Los ejemplos se multiplican.
Pero el caso de Bynum, fue diferente. Pasó de ser blanco de exigencias a caer en la orfandad de las cámaras. De pronto, todos dejaron de hablar del gigante. Ya nadie se preocupaba de su rodilla, de su poder rebotero, de su combinación con Kobe. Bajo la mirada pretenciosa, Bynum había pasado de moda.
Así concluyó el desfile de campeonato, y así comenzó la temporada baja. En el universo de los Lakers se habló primero de la continuidad de Phil Jackson como entrenador. Luego, del cambio Trevor Ariza-Ron Artest: ¿Podrá acoplarse al vestuario o será perjudicial por su carácter? ¿Se adaptará a un rol secundario o buscará protagonismo? Y, finalmente, de la continuidad o no de Lamar Odom: ¿Se va al Heat? ¿Se queda? ¿Bajo qué condiciones?
Mientras tanto, Bynum sólo pensaba en entrenar. La lógica de quedar fuera de la lupa de los fanáticos fue justo lo que necesitó el gigante en esta pretemporada. Quitarse presión, ganar en velocidad, devolverle a su físico la explosión que tenía antes de las lesiones de rodilla.
En esta pretemporada, los Lakers tomaron una decisión en el entorno Bynum. Tras varios años trabajando con él, Kareem Abdul-Jabbar irá decreciendo su carga de trabajo individual con el joven centro.
“Kareem fue una parte instrumental del desarrollo y mejora de Andrew a lo largo de los años, pero entrando a su quinta temporada, habrá una necesidad menor de trabajar de manera intensiva juntos. De a poco, el trabajo intensivo de Kareem irá decreciendo”, le dijo John Black, director de relaciones públicas de los Lakers, a Mike Bresnahan, del Los Angeles Times.
Si bien el roce de pretemporada es bastante distinto al de la serie regular, no podemos dejar de observar la importancia que está teniendo Bynum en la rotación. El joven interno de Lakers ha promediado 30.2 minutos de acción en los cinco juegos de Lakers -siendo titular en todos- con 56% en tiros de campo, 76% en tiros libres y 7.4 rebotes por aparición. No podemos dejar de decir, además, que sólo promedió 2.6 faltas por encuentro.
Las cosas no se dan por casualidad. Hay dos aspectos del juego que fueron de la mano en la temporada pasada: su condición física y sus problemas de faltas. Yendo al grano, Bynum hacía faltas por no estar bien físicamente, y esto lo frustraba. Era un círculo vicioso: empezaba con un error en defensa, seguía con una equivocación en ataque, y la confianza se desvanecía, tanto de él mismo, como por parte de sus compañeros y entrenador.
De a poco, la situación está empezando a cambiar. Está claro que el Maestro Zen valora el progreso que ha tenido Bynum en la temporada baja y le está dando oportunidades de mejora. Tanto Derek Fisher como Kobe Bryant -y también los perimetrales reserva- buscan a Bynum en 45º para que juegue situaciones de uno contra uno en la pintura. Pase al poste y corte al lado débil, para que el interno marque la diferencia. Esto sirve para que gane en confianza Bynum -en base a sus movimientos de piernas y su semi-gancho aceitado- y para que el equipo vuelva a confiar en su talento.
A su vez, le ha servido a los Lakers que Pau Gasol y Lamar Odom no hayan jugado en estos últimos partidos de preparación, lo que le da gravitación a Bynum y minutos para que vaya dejando en el pasado sus tres puntos débiles: acondicionamiento físico, problemas de faltas y fortaleza mental.
Bynum, que fue en 2008 nombrado como “Next great center”, quiere volver a ser dominante en la pintura. Su objetivo individual es volver a ser parte de un All-Star.
En cuanto a lo grupal, si bien nadie duda que Phil Jackson pasará a Pat Riley en victorias siendo entrenador de los Lakers (necesita sólo 38), la pregunta del millón es si el equipo angelino puede ser aún mejor que en la temporada pasada. Mientras la mayoría apunta su mirada hacia Artest, la clave sigue siendo Bynum: si el gigante que nadie nombra vuelve a ser la estrella que fue tiempo atrás, los Lakers serán invencibles.
Y esta temporada, que en los papeles aparece muy atractiva, podrá terminar siendo monótona.